Prepara los ingredientes. Si usas guisantes congelados, no hace falta descongelarlos antes: van directos a la olla más adelante. Si son frescos, desgránalos de las vainas. Pela y corta la patata en dados pequeños para que se cocine antes, y pica finamente la cebolla y el ajo.
Sofríe la cebolla y el ajo. En una olla amplia, derrite la mantequilla junto con la cucharada de aceite a fuego medio. Añade la cebolla y el ajo picados y sofríe 4-5 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que la cebolla quede transparente y empiece a oler dulce, sin que llegue a dorarse.
Añade la patata y sofríe un par de minutos. Incorpora la patata a la olla y remueve un par de minutos junto con la cebolla, dejando que se impregne un poco de la grasa y los aromas del sofrito antes de mojarla.
Cubre con el caldo y cuece la patata. Vierte el caldo caliente, sazona con sal y pimienta, sube el fuego hasta que rompa a hervir y baja después para que cueza suave, con la olla tapada, durante 8-10 minutos: la patata necesita ese tiempo para quedar completamente tierna.
Añade los guisantes al final, solo unos minutos. Este es el paso clave de la receta: incorpora los guisantes -congelados directamente, sin descongelar- y cuece solo 4-5 minutos más, lo justo para que se cocinen sin perder su color verde vivo ni su dulzor. Si los añadieras desde el principio junto con la patata, el exceso de cocción los apagaría y les daría un tono más apagado.
Tritura enseguida, fuera del fuego. Retira la olla del fuego nada más apartar los guisantes del calor y tritura de inmediato con la batidora de mano (o pasa el contenido a una batidora de vaso) hasta conseguir una crema completamente lisa. Triturar en caliente pero sin dejar que siga hirviendo ayuda a conservar el color.
Añade la nata, ajusta el punto y sirve. Si vas a usarla, incorpora la nata y remueve bien para integrarla, calentando un par de minutos sin que llegue a hervir con fuerza. Prueba y rectifica de sal y pimienta, reparte en boles y decora con unas hojas de menta fresca picada y un chorrito de aceite de oliva o nata. Sirve enseguida, bien caliente.