Prepara todas las verduras antes de encender el fuego. Pela y trocea la patata y la zanahoria en dados o rodajas de tamaño similar, para que se cocinen a la vez. Lava el calabacín y córtalo en dados sin necesidad de pelarlo -la piel aporta color y no molesta una vez triturada-. Lava bien el puerro bajo el grifo, separando las capas con los dedos para quitar la tierra que suele esconder, y córtalo en rodajas finas. Pica la cebolla.
Sofríe la cebolla y el puerro despacio. En una olla amplia, derrite la mantequilla junto con el aceite de oliva a fuego medio-bajo. Añade la cebolla y el puerro y cocina 8-10 minutos, removiendo de vez en cuando, sin que lleguen a dorarse: el objetivo es que se ablanden y suelten su dulzor. Este paso es el que más sabor le da a la crema, así que no lo aceleres.
Añade la zanahoria y el calabacín. Incorpóralos a la olla y sofríe 3-4 minutos más, removiendo, para que empiecen a coger sabor antes de cubrirlos de líquido.
Incorpora la patata, el laurel y el caldo. Añade la patata, la hoja de laurel, sal y pimienta, y vierte el caldo de verduras caliente. Sube el fuego hasta que rompa a hervir y luego bájalo para que cueza suave, con la olla tapada, entre 25 y 30 minutos, hasta que todas las verduras estén tiernas al pincharlas con un tenedor.
Retira el laurel y tritura. Saca la hoja de laurel -si se tritura, amarga la crema- y bate con la batidora de mano (o pasa el contenido a una batidora de vaso) hasta conseguir una textura lisa. Evita triturar más de la cuenta: en cuanto la patata esté fina, para. Si la quieres extrafina, pásala por un colador.
Añade la nata si la vas a usar, y ajusta el punto. Devuelve la crema a la olla a fuego bajo, incorpora la nata y remueve. Caliéntala un par de minutos sin dejar que hierva con fuerza. Prueba y rectifica de sal y pimienta.
Sirve caliente. Reparte la crema en boles y termina con un hilo de aceite de oliva, unas semillas tostadas (girasol o calabaza) o unos picatostes por encima. Sirve enseguida, recién hecha.