Prepara las verduras. Pela las zanahorias y córtalas en rodajas de medio centímetro, más o menos -cuanto más regulares, más uniforme será la cocción-. Pica la cebolla y el ajo en trozos pequeños, y ralla el jengibre si vas a usarlo.
Rehoga la cebolla y el ajo. Derrite la mantequilla en una olla amplia a fuego medio-bajo. Añade la cebolla y el ajo, y rehoga durante 5-7 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que la cebolla esté blanda y transparente, sin que llegue a dorarse.
Incorpora la zanahoria y el jengibre. Añade las rodajas de zanahoria y el jengibre rallado a la olla, y rehoga 2-3 minutos más, removiendo con frecuencia. Este paso es clave: al cocinar la zanahoria en la grasa antes de añadir el caldo, se intensifican tanto su color como su sabor.
Añade el caldo y lleva a ebullición. Vierte el caldo caliente hasta cubrir bien las verduras, añade el comino y una pizca de sal, y sube el fuego hasta que rompa a hervir.
Cuece a fuego suave. En cuanto hierva, baja el fuego para mantener un hervor suave, tapa parcialmente la olla y cuece durante 20-25 minutos, hasta que la zanahoria esté tan tierna que se deshaga fácilmente al pincharla con un tenedor.
Tritura hasta que quede fina. Retira la olla del fuego y tritura con la batidora de mano (o pásalo todo a una batidora de vaso) hasta conseguir una crema completamente lisa y sedosa. Si la notas demasiado espesa, aclara con un poco más de caldo caliente.
Añade la nata y sirve. Incorpora la nata si vas a usarla, y calienta de nuevo a fuego suave un par de minutos sin que llegue a hervir con fuerza. Prueba y rectifica de sal y pimienta, reparte en boles y decora con semillas de calabaza tostadas y cebollino picado. Sirve enseguida, bien caliente.