Prepara las verduras. Pela las patatas y córtalas en dados de un par de centímetros -cuanto más regulares, más uniforme será la cocción-. Lava bien el puerro (entre sus capas suele esconderse tierra) y córtalo en rodajas finas, usando solo la parte blanca y la verde más clara.
Rehoga el puerro en mantequilla. Derrite la mantequilla en una olla amplia a fuego medio-bajo. Añade el puerro y el ajo picado, y rehoga durante 6-8 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que el puerro esté blando y translúcido pero sin llegar a dorarse -si coge color, el sabor se vuelve más tostado y menos delicado-.
Añade la patata y el caldo. Incorpora los dados de patata a la olla y remueve un minuto para que se impregnen de la mantequilla. Vierte el caldo caliente hasta cubrir bien las verduras, añade una pizca de sal y sube el fuego hasta que rompa a hervir.
Cuece a fuego suave. En cuanto hierva, baja el fuego para mantener un hervor suave, tapa parcialmente la olla y cuece durante 20-25 minutos, hasta que la patata esté tan tierna que se deshaga fácilmente al pincharla con un tenedor.
Tritura con cuidado. Retira la olla del fuego y tritura con la batidora de mano en pulsos cortos, hasta conseguir una crema fina. Evita triturar más de lo necesario: pasarte de tiempo activa demasiado el almidón de la patata y la crema puede quedar pastosa en lugar de sedosa.
Añade la nata y ajusta el punto. Incorpora la nata y remueve bien para integrarla, calentando de nuevo a fuego suave un par de minutos sin que llegue a hervir con fuerza. Prueba y rectifica de sal y pimienta blanca, y añade la pizca de nuez moscada si vas a usarla. Si la notas demasiado espesa, aclara con un poco más de caldo caliente.
Sirve caliente. Reparte en boles, decora con cebollino picado, un hilo de nata y unos picatostes crujientes si te apetece algo de textura. Sirve enseguida, bien caliente.