Cortamos la mantequilla en daditos y dejamos que se caliente a temperatura ambiente. Cuando la tengamos, la batimos en un bol con una batidora de varillas hasta obtener una crema suave. Si no tenemos batidora no pasa nada, todo el amasado se puede hacer con la mano!
Añadimos el azúcar glass y volvemos a batir medio minuto más hasta que quede homogeneo. Esta vez quedará un poco más cremosa y más blanquecina. Vamos bien.
Incorporamos el huevo, la esencia y la sal y volvemos a batir con la batidora de barillas. La masa parecerá que se está cortando, pero no os preocupéis que esta es la consistencia que tiene que tener.
Añadimos la mitad de la harina y batimos hasta integrarla. Añadimos la otra mitad y seguimos amasando. Cuando se haya integrando, volcamos la masa sobre la encimera.
Amasamos con las manos durante unos minutos. Veréis que la masa deja de ser pegajosa y se vuelve más flexible. Si se os pega mucho podéis añadirle un poco más de harina, pero ir con cuidado y poco a poco, volviendo a amasar cada vez.
Una vez amasada, hacemos 4 bolas y dejamos en la nevera tapadas con papel de film durante media hora.
Estiramos la masa sobre la encimera o un papel de horno con un rodillo. El grosor de éstas tiene que ser uniforme, por lo que se aconseja utilizar unas tablillas niveladoras de 5 o 6 mm. (Si no tenéis tablillas, intentar haceros una vosotros mismos con unos tacos de madera).
Con la masa bien estirada, hacemos rectángulos de 4x6cm. Lo más fácil es coger una regla y hacer primero tiras de 4cm y después cortarlas cada 6 centímetros. Cuando tengamos todos los rectángulos, solo quedará cortar dos de las puntas en diagonal y con un palillo hacerles un agujero en la parte de arriba (donde meteremos la cuerdecita).
Con la ayuda de una espátula, pasamos las galletas a un papel de horno y las metemos en el frigorífico una media hora para que enfríen un poco y así no pierdan la forma al hornearlas. Seguramente no os entren todas en una hornada, por lo que preparar más de una bandeja con papel de horno.
Precalentamos el horno a 180 ºC, y cuando esté caliente metemos las galletas a hornear durante 8-10 minutos. La bandeja tiene que estar en la mitad y el horno sin ventilador. Sabrás que están hechas cuando cojan un color tostado en el borde.
Sacamos las galletas de horno y las dejamos enfriar sobre una rejilla.
Cuando estén a temperatura ambiente, insertamos una cuerda por el orificio que hemos hecho con el palillo y hacemos un nudo.