Para unas galletas perfectas tenemos que introducir el menos aire posible en la masa, por lo que podéis hacerlas en KitchenAid o con batidora eléctrica pero siempre teniendo en cuenta no pasarnos con el amasado a máquina. Nosotros las hemos hecho con batidora de varillas eléctricas, ya que no tenemos KitchenAid (si alguien quiere hacernos un regalito... será bienvenido xD).
En un bol, batimos ligeramente la mantequilla a temperatura ambiente, hasta que ésta quede una crema suave.
Añadimos el azúcar glas y seguimos batiendo a velocidad muy baja el tiempo justo para que se integren los ingredientes. Ahora la crema tendrá un color más blanco.
Añadimos el huevo, la esencia de vainilla y la sal, y volvemos a batir la mezcla hasta que se integre. Parecerá que se ha cortado, pero tranquilos, es ese el aspecto que tiene que tener, que no cunda el pánico!
Añadimos la mitad de la harina y la batimos. Añadimos la otra mitad restante y seguimos batiendo hasta integrar. Quedará una masa homogenea en pegotes.
Espolvoreamos un poco de harina sobre la encimera, y pasamos la masa a ella. Amasamos sin miedo unos minutos, y si vemos que se nos va pegando en las manos añadimos un poquito más de harina, no tengáis miedo por ello. Con el amasado quedará flexible y manejable.
Dividimos la masa en dos y las metemos en el frigorífico una hora envueltas en papel film para que enfríen y sea más fácil trabajar con ella.
Pasado este tiempo estiramos la masa sobre una superficie lisa con la ayuda de un rodillo de niveles o unos listones de madera para obtener una altura homogénea.
Nosotros hacemos las galletas de 5mm de normal, pero también hemos probado de hacerlas de 1cm y quedan muy ricas también. La masa no tiene que pegarse al rodillo, y si comienza a hacerlo, pondremos papel de horno por encima de la masa, y continuaremos pasando el rodillo por encima de éste.
Pasamos la masa sobre una bandeja y la metemos al frigorífico otra vez 2-3 horas para que enfríe del todo y poder cortar las formas sin que se deforme.