Precalienta el horno a 180ºC y engrasa tres moldes de 18cm de diámetro.
Mezcla los ingredientes secos en un bol: harina tamizada, azúcar blanco, levadura, bicarbonato, sal, canela en polvo, jengibre rallado y ralladura de nuez moscada.
En otro bol más grande, mezcla con la batidora de varillas a velocidad baja el azúcar moreno y la ½ del puré de calabaza, hasta conseguir una mezcla sin grumos.Añade el resto del puré y el aceite.
Añade los huevos de uno en uno y bate cada vez hasta que se integre por completo.
A esta mezcla le añadimos los ingredientes secos en tres veces, mezcándolo cada vez.
Reparte la mezcla en los tres moldes y hornéalos unos 20-25 minutos.
Dejamos enfriar en una rejilla dentro del molde durante unos 10 minutos.
Desamoldamos pasado este tiempo y dejamos reposar sobre la rejilla hasta que se enfríen totalmente. Es recomendable dejarlos en la nevera forrados con papel film durante una noche para que la miga se asiente, pero si tenéis prisa no os preocupéis, nosotros los hemos usado directamente y siguen estando igual de buenos.
Para la cobertura, monta la nata y resérvala. Recuerda que la nata tiene que estar muy fría, a unos 5 ºC, por lo que tenedla en la nevera unas horas antes de usarla.
Bate el queso con el azúcar glass hasta obtener una mezcla homogenea y cremosa.
Añade la nata montada y mezclar hasta que quede todo integrado.
Coloca la mezcla en el frigorífico por unas horas para que se quede firme.
Cubre los bizcochos con la cobertura alternadamente y colócalos por capas. Acaba de cubrir todo el pastel de calabaza con la crema de queso.