Esta cheesecake de mandarina es de las que se hornea, por lo que antes de nada precalentaremos el horno a 175ºC y engrasaremos un molde de 18 cm con mantequilla.
Trituramos las galletas en un procesador de alimentos. También podéis machacarlas dentro de una bolsa de congelados con un rodillo de cocina.
Derretimos la mantequilla y la mezclamos con las galletas formando una pasta densa.
Forramos el molde con la base de galleta y la compactamos presionando con los dedos o una cuchara.
Horneamos la base del cheesecake de mandarina durante 10-15 minutos para que se dore un poco.
Con la base del cheesecake horneada, bajamos la temperatura del horno a 140 ºC y seguimos cocinando el relleno de queso.
Vertemos el queso crema, nata para montar, azúcar, huevos y la ralladura de las mandarinas en un bol y mezclamos con un batidor eléctrico hasta que se integre todo.
Batimos durante 4-5 minutos para airear la mezcla.
Sobre la base del cheesecake vertemos el relleno y golpeamos suavemente el molde para eliminar las burbujas de aire.
Horneamos el cheesecake de mandarina unos 40 minutos, hasta que la mezcla esté cocinada.
Retiramos el cheesecake del horno y lo dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.
Mientras el cheesecake se va enfriando, preparamos la gelatina de mandarina que irá por encima.
En un cazo calentamos el zumo de mandarinas con el azúcar a fuego bajo.
Un poco antes de que comience a hervir añadimos el polvo de gelatina o las láminas de gelatina y mezclamos hasta disolverlas.
Apartamos el cazo del fuego y dejamos enfriar un poco.
Antes de que la gelatina se enfríe por completo y endurezca, vertemos la mezcla sobre el cheesecake.
Llevamos el cheesecake de mandarina al frigorífico y lo dejamos reposar toda la noche.
Desmoldamos el cheesecake de mandarina y... a disfrutar!