Prepara la coliflor. Retira las hojas verdes y el tronco más grueso, y separa la coliflor en floretes no muy grandes -así se cocinarán antes y de forma más uniforme. Lávalos bien bajo el grifo, porque suelen esconder tierra e insectos entre las flores, y escúrrelos.
Sofríe la cebolla despacio. En una olla amplia, derrite la mantequilla junto con la cucharada de aceite a fuego medio-bajo. Añade la cebolla picada y cocina 5-6 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que esté blanda y transparente, sin que llegue a dorarse.
Añade la coliflor y la patata. Incorpora los floretes de coliflor y la patata en dados, y sofríe el conjunto 3-4 minutos removiendo, para que se impregnen bien de la mantequilla y empiecen a coger sabor antes de mojarlos con el caldo.
Cubre con el caldo y cuece sin tapar del todo. Vierte el caldo caliente, añade sal, pimienta blanca y la nuez moscada. Sube el fuego hasta que rompa a hervir y luego bájalo para que cueza suave entre 18 y 20 minutos, con la olla semitapada -dejando una rendija-, hasta que la coliflor y la patata estén muy tiernas al pincharlas con un tenedor. Cocerla sin tapar del todo ayuda a que el olor a azufre se disipe en vez de concentrarse dentro de la olla.
Tritura hasta que quede fina. Retira del fuego y tritura con la batidora de mano (o pasa el contenido a una batidora de vaso) hasta conseguir una textura completamente lisa. Si la quieres extrafina, pásala por un colador fino o un chino, presionando con el dorso de un cucharón.
Añade la nata y ajusta el punto. Devuelve la crema a la olla a fuego bajo, incorpora la nata y remueve bien. Caliéntala un par de minutos sin dejar que llegue a hervir, para que la nata no se corte. Prueba y rectifica de sal si hace falta.
Sirve caliente. Reparte la crema en boles, añade un hilo de aceite de oliva o un chorrito de nata por encima, espolvorea picatostes o perejil picado y sirve enseguida, recién hecha.