Lava bien los puerros. Corta la raíz y la parte más dura de las hojas verdes, y quédate con la parte blanca y verde clara. Ábrelos por la mitad a lo largo y lávalos bajo el grifo separando las capas con los dedos, porque suelen esconder tierra entre las hojas. Escúrrelos y córtalos en rodajas finas.
Sofríe el puerro y la cebolla despacio. En una olla amplia, derrite la mantequilla junto con la cucharada de aceite a fuego medio-bajo. Añade el puerro y la cebolla y cocina entre 10 y 12 minutos, removiendo de vez en cuando, sin prisa y sin que llegue a dorarse: el objetivo es que se ablande y suelte su dulzor, no que coja color. Si ves que se pega, baja el fuego y añade una cucharada de agua.
Añade la patata. Incorpora la patata en dados no muy grandes -así se cocinará antes- y sofríela junto al puerro 2 minutos más, removiendo para que se impregne de la mantequilla.
Cubre con el caldo y cuece. Vierte el caldo caliente, añade sal, pimienta blanca y la nuez moscada. Sube el fuego hasta que rompa a hervir y luego bájalo para que cueza suave, con la olla tapada, entre 20 y 25 minutos, hasta que la patata se deshaga fácilmente al pincharla con un tenedor.
Tritura hasta que quede fina. Retira del fuego y tritura con la batidora de mano (o pasa el contenido a una batidora de vaso) hasta conseguir una textura completamente lisa. Si la quieres extrafina, pásala por un colador fino o un chino, presionando con el dorso de un cucharón.
Añade la nata y ajusta el punto. Devuelve la crema a la olla a fuego bajo, incorpora la nata y remueve bien. Caliéntala un par de minutos sin dejar que llegue a hervir, para que la nata no se corte. Prueba y rectifica de sal si hace falta.
Sirve caliente. Reparte la crema en boles, añade un chorrito de nata o un hilo de aceite de oliva por encima, espolvorea cebollino picado y sirve enseguida, recién hecha.