Pon en remojo los anacardos con agua que los cubra, al menos 2 horas (o 10 minutos en agua recién hervida si tienes prisa). Escúrrelos antes de usarlos.
Limpia los puerros a fondo. Córtalos por la mitad a lo largo y pásalos bajo el grifo separando las capas, porque suelen esconder tierra entre ellas. Después, córtalos en rodajas finas.
Sofríe el puerro y la cebolla. Calienta el aceite en una olla a fuego medio-bajo, añade el puerro, la cebolla y una pizca de sal, y cocina 8-10 minutos removiendo de vez en cuando. Deben quedar blandos y translúcidos, sin dorarse ni tomar color.
Añade la patata y el caldo. Incorpora la patata en dados y el caldo de verduras. Sube el fuego hasta que rompa a hervir y después baja a fuego medio; cocina 18-20 minutos, hasta que al pinchar la patata con un tenedor se deshaga con facilidad.
Prepara la nata de anacardos. Mientras se cuece la sopa, tritura los anacardos escurridos con los 150 ml de agua en una batidora potente durante 1-2 minutos, hasta que no quede ningún grumo y tenga una textura de nata líquida.
Tritura la sopa. Pasa el puerro, la patata y su caldo a la batidora (o usa una de brazo directamente en la olla) y tritura hasta que quede completamente fina. Añade la nata de anacardos y tritura unos segundos más para integrarla del todo.
Enfría. Deja templar a temperatura ambiente, tapa y refrigera un mínimo de 3 horas; queda mejor si la preparas la noche anterior. El frío asienta los sabores y realza el punto del puerro.
Sirve. Reparte en cuencos bien fríos, espolvorea cebollino picado por encima y, si quieres, un chorrito de aceite de oliva.