Hay días entre semana en los que llegar a casa y ponerse a cocinar durante una hora suena a utopía, y es exactamente para esos días para los que existe esta crema de guisantes. La tengo fichada desde hace años como mi recurso de "no tengo nada en la nevera pero quiero comer algo rico": una bolsa de guisantes congelados, una cebolla, un poco de caldo y veinte minutos de reloj son suficientes para tener en la mesa una crema de un verde precioso, dulce de forma natural y con una textura tan sedosa que sorprende que lleve tan poco trabajo.

Es, de hecho, la más rápida de toda esta serie de cremas y purés: mientras que la crema de puerros o la crema de verduras piden entre 35 y 45 minutos, aquí el propio guisante hace casi todo el trabajo. No necesita cocciones largas ni ingredientes complicados, así que es una receta perfecta tanto para quien se está iniciando en las cremas como para esas noches en las que el tiempo manda.
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Por qué esta crema de guisantes triunfa siempre
El guisante tiene algo que lo hace distinto al resto de verduras de esta serie: es dulce de forma natural, ya viene troceado en su propio tamaño perfecto y, si usas guisantes congelados, se cocina en apenas 4-5 minutos. Eso significa cero pelado, cero corte fino y una crema que puedes tener lista un martes cualquiera sin planificación previa. Además, su sabor es tan equilibrado -dulce pero no empalagoso- que gusta prácticamente a todo el mundo, niños incluidos, y admite tanto un final elegante con un toque de menta como una versión más casera y reconfortante.
El único matiz a cuidar, y es justo el punto que marca la diferencia entre una crema mediocre y una espectacular, es el momento en el que añades los guisantes: si los cueces desde el principio junto con el resto de ingredientes, la cocción prolongada apaga su verde brillante y los deja de un tono apagado, casi caqui. La solución es sencilla -añadirlos solo en los últimos minutos- y la explico con detalle en el apartado de trucos, porque merece la pena entenderla aunque sea un pequeño gesto.
Cuándo hacerla y qué guisantes elegir
La temporada de guisantes frescos en España va de marzo a junio, así que fuera de esas fechas -que es, además, justo cuando más apetecen las cremas calientes- lo normal y perfectamente recomendable es usar guisantes congelados. De hecho, muchos cocineros los prefieren incluso en temporada: se congelan a las pocas horas de la recolección, en su punto óptimo de dulzor, mientras que los guisantes frescos que llegan a la frutería llevan a menudo varios días en la cadena de distribución y han perdido parte de su azúcar natural. Si tienes la suerte de encontrar vainas frescas y tiernas, adelante, pero no dudes en tirar de congelador el resto del año: el resultado es igual de bueno.
📖 Receta

Ingredientes
Equipo
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Pasos a seguir
- Prepara los ingredientes. Si usas guisantes congelados, no hace falta descongelarlos antes: van directos a la olla más adelante. Si son frescos, desgránalos de las vainas. Pela y corta la patata en dados pequeños para que se cocine antes, y pica finamente la cebolla y el ajo.
- Sofríe la cebolla y el ajo. En una olla amplia, derrite la mantequilla junto con la cucharada de aceite a fuego medio. Añade la cebolla y el ajo picados y sofríe 4-5 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que la cebolla quede transparente y empiece a oler dulce, sin que llegue a dorarse.
- Añade la patata y sofríe un par de minutos. Incorpora la patata a la olla y remueve un par de minutos junto con la cebolla, dejando que se impregne un poco de la grasa y los aromas del sofrito antes de mojarla.
- Cubre con el caldo y cuece la patata. Vierte el caldo caliente, sazona con sal y pimienta, sube el fuego hasta que rompa a hervir y baja después para que cueza suave, con la olla tapada, durante 8-10 minutos: la patata necesita ese tiempo para quedar completamente tierna.
- Añade los guisantes al final, solo unos minutos. Este es el paso clave de la receta: incorpora los guisantes -congelados directamente, sin descongelar- y cuece solo 4-5 minutos más, lo justo para que se cocinen sin perder su color verde vivo ni su dulzor. Si los añadieras desde el principio junto con la patata, el exceso de cocción los apagaría y les daría un tono más apagado.
- Tritura enseguida, fuera del fuego. Retira la olla del fuego nada más apartar los guisantes del calor y tritura de inmediato con la batidora de mano (o pasa el contenido a una batidora de vaso) hasta conseguir una crema completamente lisa. Triturar en caliente pero sin dejar que siga hirviendo ayuda a conservar el color.
- Añade la nata, ajusta el punto y sirve. Si vas a usarla, incorpora la nata y remueve bien para integrarla, calentando un par de minutos sin que llegue a hervir con fuerza. Prueba y rectifica de sal y pimienta, reparte en boles y decora con unas hojas de menta fresca picada y un chorrito de aceite de oliva o nata. Sirve enseguida, bien caliente.
Nutrición
Información adicional
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Let us know how it was!El truco para que la crema de guisantes no pierda su verde vivo
El error más habitual con esta crema es cocer los guisantes demasiado tiempo, junto con el resto de ingredientes desde el principio. Al hacerlo, el calor prolongado transforma la clorofila que da su color verde brillante a los guisantes en otro pigmento de tono apagado, casi caqui -un proceso que en cocina se conoce como "afear" la verdura. La solución es tan sencilla como cambiar el orden: cuece antes la patata, que sí necesita más tiempo, y añade los guisantes solo en los últimos 4-5 minutos. Si además trituras la crema nada más retirarla del fuego, en lugar de dejarla reposar caliente en la olla, el verde se mantiene mucho más vivo hasta que llega a la mesa.
El segundo truco, casi tan importante, es no pasarse con el caldo: los guisantes ya aportan bastante cuerpo por sí mismos, así que si notas la crema demasiado líquida es preferible reducirla unos minutos a fuego suave antes de rectificar añadiendo más patata o nata.
Variantes de la crema de guisantes
Es una receta muy agradecida para jugar con matices, así que aquí tienes algunas variaciones que funcionan de verdad:
- Sin patata, más ligera: los guisantes ya aportan cremosidad natural; prescinde de la patata y reduce ligeramente el caldo para compensar.
- Con mucha menta, al estilo francés: añade un puñado generoso de hojas de menta fresca al triturar, siguiendo la clásica combinación francesa de "pois à la menthe".
- Con jamón crujiente: corona la crema con virutas de jamón serrano tostadas 2-3 minutos en una sartén sin aceite; el contraste salado con el dulzor del guisante es una combinación segura.
- Versión fría para el verano: enfríala en un baño de agua con hielo nada más triturarla y guárdala en la nevera un mínimo de 2 horas, siguiendo la misma lógica que la vichyssoise.
- Vegana: sustituye la mantequilla por aceite de oliva y omite la nata o cámbiala por nata de avena -una adaptación puntual, no la versión por defecto de la receta.
- En Thermomix: el proceso es el mismo, automatizando el sofrito y el triturado en el vaso; tienes los tiempos y velocidades exactos en la crema de verduras con Thermomix, fácilmente adaptable a guisantes.
Cómo conservar y congelar la crema de guisantes
Se conserva en la nevera, en un recipiente hermético, entre 3 y 4 días. Para congelarla, hazlo antes de añadir la nata: congela la base de guisantes, patata y caldo ya triturada, y añade la nata en el momento de recalentar para que no se corte. Aguanta bien congelada hasta 2-3 meses; descongélala en la nevera de un día para otro y caliéntala a fuego suave, sin dejar que hierva con fuerza.
Preguntas frecuentes sobre la crema de guisantes
Sí, sin ningún problema -de hecho es lo más habitual y recomendable fuera de temporada (marzo-junio). Los guisantes congelados se congelan a las pocas horas de la recolección, en su punto óptimo de dulzor, así que el resultado es tan bueno como con guisantes frescos, o incluso mejor. No hace falta descongelarlos antes: se añaden directamente a la olla.
Casi siempre es por cocer los guisantes demasiado tiempo. El calor prolongado apaga su clorofila y los deja de un tono más apagado. Cuécelos solo 4-5 minutos, añadiéndolos al final, y tritura la crema nada más retirarla del fuego para conservar mejor el color.
Sí. Los guisantes ya aportan bastante cremosidad por sí solos, así que puedes omitir la patata; el resultado queda algo más ligero y líquido, así que puedes reducir un poco el caldo para compensar.
Añádela con la olla a fuego bajo, no sobre la crema hirviendo con fuerza, y remueve bien nada más incorporarla. Caliéntala solo un par de minutos, sin dejar que llegue a hervir a borbotones.
Sí, aguanta bien congelada hasta 2-3 meses. Mejor congelarla sin la nata -añádela al recalentar, ya descongelada- para que no se corte.
La menta fresca es el acompañamiento clásico, pero también funciona muy bien con virutas de jamón crujiente, unos picatostes caseros o un chorrito de yogur griego por encima para dar un contrapunto ácido.







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